• Allegra Mujer

Libera tus emociones y recupera tu poder

Actualizado: 27 abr 2020

Vivimos en esclavitud emocional cuando nos sentimos responsables de los sentimientos ajenos, o esperamos que sean otros quienes se hagan cargo de los nuestros. Creemos que debemos esforzarnos constantemente en hacer felices a los demás. Y cuando nos parece que no lo son, nos sentimos responsables y obligadas a hacer algo para que lo sean.

De esta manera las personas más queridas para nosotras se terminan convirtiendo en una verdadera carga. 

Uno de los campos de prueba de nuestra libertad radica en la forma en que nos relacionamos con nuestros seres queridos.

En la primera etapa de cualquier relación es habitual que las dos personas experimenten un sentimiento de alegría, un deseo de comprensión mutua, y también una sensación de libertad. Se trata de una relación estimulante, espontánea, maravillosa. Sin embargo, a medida que la relación avanza, puede ocurrir que cada miembro se sienta responsable de lo que siente el otro.

“Mi pareja es una persona tan necesitada y tan dependiente que está desgastando nuestra relación”

Así le voy echando la culpa al otro por el deterioro de la relación, en lugar de hacerme responsable también. Mientras responsabilicemos a otra persona de nuestro propio bienestar, seguiremos siendo víctimas.

En la segunda etapa nos damos cuenta del alto costo que implica asumir la responsabilidad de los sentimientos de los demás, porque intentamos adaptarnos a ellos a costa nuestra. Incluso nos volvemos antipáticas y nos negamos a admitir que nos interesa lo que puedan sentir o necesitar los demás.

Ahora tenemos claridad de aquello sobre lo que no tenemos responsabilidad, pero todavía no hemos aprendido cómo ser responsables ante los demás de una forma que no nos esclavice emocionalmente.

La tercera etapa es la liberación emocional, donde respondemos a las necesidades de los demás con compasión, no por miedo, culpa o vergüenza. Así nuestras acciones nos llenan de satisfacción, no solo a nosotras mismas, sino también a las personas con las que compartimos.

Podemos aceptar la plena responsabilidad de nuestras intenciones y nuestras acciones, pero no nos hacemos responsables de los sentimientos de los demás, siendo conscientes al mismo tiempo de que nunca conseguiremos satisfacer nuestras necesidades a expensas de alguien más.

Para dejar de ser esclavas emocionales debemos aprender a expresar claramente qué necesitamos, tomando también en cuenta la satisfacción de las necesidades de los otros.

Necesitamos recuperar esa fluidez del proceso natural de sentir, conectándonos nuevamente con nuestro cuerpo, con sus sensaciones, para que podamos ser hábiles en el descubrimiento de nuestras necesidades, y en la posibilidad de satisfacerlas.

El primer paso es asumir la responsabilidad de tus sentimientos. Deja de reprimirlos y evitarlos, y así dejarás de culpar a otras personas, aceptándolos como tuyos. No se puede evitar el dolor, negando los sentimientos, debemos asumir la responsabilidad de experimentarlos, y con el tiempo lograr expresarlos con seguridad, para después, soltarlos.

Para esto no te voy a dar una receta, pero sí pasos que puedes aprender y practicar, pasos que puedes combinar a tu manera, como pasos de baile hacia tu libertad emocional. Yo lo enseño como un mantra: percibir, aceptar, comprobar, permanecer.


Si bien es cierto, que hay una ilimitada gama de sentimientos, quizás te reconforte saber que cada tono emocional, así como cada color, proviene de unas pocas emociones primarias: miedo, alegría, tristeza, enojo y amor. Para quienes están aprendiendo el vocabulario de las emociones resulta más fácil recordar la palabra m a t e a para aprender a identificar solamente 5 emociones.


El primer paso entonces es percibir, reconocer lo que estás sintiendo. Esto es enojo, o es tristeza, o es miedo.

Una vez que le pones nombre a tu emoción, estás aceptando que esos sentimientos son tuyos. Quizás fueron causados por acciones o palabras de otros, pero en definitiva, son tuyos, así que enojarte o culpar a alguien más no va a hacer que desaparezcan.


Cuando te encuentras con ese sentimiento, el siguiente paso es comprobar tu reacción corporal ¿tengo calor?, ¿tengo frío?, ¿tengo un nudo en la garganta?, ¿tengo el corazón acelerado? ¿cómo es mi respiración? ¿estoy bien?.


Sintonizar con el propio sentimiento y con cómo se manifiesta en tu cuerpo te ayudará a permanecer con él hasta que pase o cambie. Ahora ya sabes que no tienes por qué ocultar tus sentimientos, ni medicarte, ni escapar de ellos. Sólo sentirlos. Sólo son sentimientos, puedes aceptarlos, permanecer con ellos, porque son temporales. Con la práctica te darás cuenta que puedes responder ante ellos en lugar de reaccionar.

Una vez que reconocemos y asumimos la responsabilidad de nuestros sentimientos, podemos aprender a reconocer lo qué necesitamos para hacernos cargo, dejar de esperar que sea otro quien venga a darme lo que necesito, y asumir la responsabilidad en las dinámicas que modelan nuestras relaciones.

En un mundo donde es frecuente que los demás nos juzguen severamente cuando identificamos y manifestamos nuestras necesidades, a veces puede dar miedo exteriorizarlas, especialmente en el caso de las mujeres, que hemos sido educadas para ignorar nuestras necesidades y cuidar de los demás.


Espero que este artículo te haya sido útil y te ayude a desarrollar la valentía necesaria para reconocer tu responsabilidad emocional y hacerte cargo de las necesidades que están detrás de tus sentimientos, y así liberarte de la dependencia emocional, sin culpa.


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