• Allegra Mujer

Hambre del corazón, el vacío que no se llena con comida

Hola hoy quiero hablarte de un tema que en lo personal me apasiona como lo es el hambre emocional.

Porque no siempre el hambre nace de nuestro estómago o de la necesidad de nutrientes. A veces, el hambre también surge de nuestro corazón.

¿Sabes qué es el hambre del corazón?

El hambre del corazón es el hambre que aparece cuando tenemos un vacío emocional. Se manifiesta, por ejemplo, cuando nos sentimos solas o agotadas al llegar a casa en la noche, después de un largo día de trabajo. Sucede entonces que, en muchas ocasiones, recurrimos a la alacena, o al refrigerador, o a la tiendita más cercana, en busca de consuelo. Quizás ni siquiera sentimos realmente hambre físicamente, pero sí ganas de llenar con la comida una sensación de vacío o de hastío.


El hambre del corazón es la que tiene el poder de cambiar nuestro estado de ánimo a través de la comida; para deshacernos de esas sensaciones y emociones incómodas como la  frustración, tristeza, aburrimiento, ansiedad, ira, confusión, inseguridad o impaciencia.

¿Y quién no ha comido así alguna vez?


Puede ser que hacerlo ocasionalmente no suponga un gran problema, sí lo es cuando el único recurso del que disponemos para manejar esos sentimientos incómodos y esas emociones que no nos gustan, es la comida. Así usamos los alimentos no como una forma de nutrir el cuerpo, sino como la forma más rápida y accesible con la cual nos evadimos a nosotras mismas.

¿Cómo puedes empezar a observar esto?

El hambre de corazón, a diferencia del hambre del estómago, aparece de forma súbita y nos pide comida con carácter de urgencia. Da igual si acabamos de terminar de comer, porque no se trata de hambre física y nos lleva a comer sin pensar, en grandes cantidades, de modo inconsciente, y en ocasiones, sentimos la necesidad de comer un alimento en específico, como un chocolate por ejemplo.

Nos lleva a abrir el refigerador cuando estamos cansadas, molestas o tristes y buscar en él consuelo, alivio, placer, bienestar, queremos recompensarnos por un día duro comiendo helado frente al televisor o la compu, o sentarnos apaciblemente a comer una bolsa entera de papas fritas con salsa picante sin darnos cuenta…

¿Sabías que según las investigaciones las mujeres, tendemos a ser tremendamente compasivas con los demás, menos con nosotras mismas? Si, las mujeres tendemos a tratarnos a nosotras mismas desde la auto exigencia y autocrítica.


Cuando atravesamos por situaciones de dificultad, en vez de darnos el apoyo y consuelo que necesitamos, nos ponemos en piloto automático, enfocándonos en encontrar la solución del problema, manteniendo generalmente un diálogo inerno negativo que propicia mensajes como por ejemplo: “hay algo terriblemente mal conmigo”, ·no puedo hacer nada bien”, “no soy suficiente”, etc.


Este mecanismo de mal trato personal lo que hace es que al afrontar la frustración, el estrés o la ansiedad, tendamos a tapar esa emoción poco placentera o incómoda a través de la comida, en un modo de hacer, en vez de ser.


Sin darnos el espacio para aceptar lo que estamos sintiendo, y lo primero que buscamos es salir corriendo, huir o evitar eso que no está pasando, y lo hacemos a través de estímulos que nos dan alivio, pero un alivio momentáneo o de corto plazo.

Cuando esto sucede en la alimentación, estamos hablando de comer alimentos que utilizamos para sentir un bienestar en el corto plazo por lo que nos genera en nuestro paladar, pero un malestar a largo plazo, a nivel físico, mental y emocional.


Eso que te he explicado es el “hambre emocional” y tiene que ver con la necesidad de comer que no esta determinada por las necesidades de nuestro cuerpo (podemos tener un estómago lleno, pero aún sentir hambre… hambre de algo que no encontraremos jamáz en un plato de comida).


Este mecanismo tan común de alimentación se incrementa cuando nos alimentamos de manera distraida, en piloto automático, cuando tragamos sin siquiera percibir el sabor del alimento, o su aroma, y no paramos de comer atendiendo a la sensación física del estómago que ya está satisfecho, sino por ejemplo, al ver la imagen de un plato vacío frente a nosotras.


Por ello, hoy quiero hablarte de una corriente muy interesante como lo es el “Mindful Eating” o el comer consciente y trata de desarrollar las habilidades personales de poder dirigir la atención plena al proceso de la alimentación, de modo de comer de manera más consciente.


La práctica de la atención plena o mindfulness ha sido mundialmente reconocida por sus efectos positivos en la reducción del estrés y la autorregulación emocional, como se evidencia en investigaciones llevadas a cabo inicialmente por la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts lideradas por Jon Kabat Zinn.


Es muy importante que si tu quieres tener una alimentación más saludable y disfrutar de la relación que tienes con la comida, es crucial abordar los aspectos emocionales ligados a la alimentación. Una manera efectiva de aprender a hacerlo es desarrollando una práctica de atención plena a la alimentación, ya que aprender a comer conscientemente, implica conocer lo que nos sucede también a nivel emocional.


Pero esto no es todo, necesitamos además aprender cómo aumentar una actitud de cuidado y compasión hacia nosotras mismas, para desear ingerir alimentos que sean nutritivos y saludables, así como para permitirnos sentir todas esas emociones y buscar canales más positivos para resolver los temas de fondo, sin tener que “tragarlos”. O dicho de otro modo, encontrar mecanismos para satisfacer esas necesidades de afecto, amor, cariño, alivio y placer a través de otras formas más positivas que no sea únicamente mediante comida.


Todos estos temas los trabajamos a profundidad en el taller de hambre emocional y aceptación corporal, que está dirigido para todas aquellas de ustedes que quieran implementar habilidades para sostener un estilo de vida saludable, enfocado particularmente en desarrollar una relación más saludable consigo mismas y con su alimentación, para precisamente disminuir la alimentación por motivos emocionales y atender  las necesidades más profundas del corazón.


Cuando aprendemos a comer conscientemente, con presencia y atención, brota en nosotras una sensación de intimidad y conexión: “Yo estoy conmigo, me escucho, me atiendo”. Por eso  el hambre del corazón se satisface con intimidad, cuando superamos la sensación de sentirnos solos y separadas de nuestra vida y de los demás.

El corazón se nutre de la intimidad, y claro que en muchas ocasiones esta intimidad ha estado acompañada de una deliciosa comida casera, con personas queridas, por lo que tendemos a asociar los momentos de amor con la comida. No obstante, es evidente que, en tales momentos, la comida no es el único ingrediente que nos nutre.

¿Cómo identifico que tengo hambre emocional?

¿Es tu primer impulso abrir el refri cuando estás enojada, te sientes sola, estresaao,

cansada o aburrida?

¿La comida es tu recompensa en algunos momentos del día y tiene el poder de cambiar tu estado de ánimo?

¿Te sientes impotente o fuera de control en presencia de comida deliciosa?

¿Sientes que la comida es como una amiga, algo que te da seguridad?

¿Te sucede a menudo que te comes una bolsa de papas, nachos, galletas, etc., sin prestar atención a su sabor, o a la cantidad?

¿Te sientes culpable después de comer?

¿Sientes que alguna vez comes simplemente para llenar un vacío?

¿Comes hasta sentirte mal de la cantidad ingerida?


Si respondiste afirmativamente a estas preguntas, es probable que comas de forma emocional, y es necesario que trabajes de la mano de una profesional de salud que te ayude a encontrar otras formas de darte alivio o placer a través de otras formas, y no únicamente a través de la comida.

Ningún alimento puede por sí mismo satisfacer ese tipo de hambre; en realidad, lo que podemos hacer para calmarla es aprender a alimentar a nuestros corazones.

Pero para saciar verdaderamente nuestra hambre de corazón es necesario emprender un viaje a nuestro interior donde podamos comprender y desenmarañar nuestra relación con la comida, con nuestros afectos y emociones más profundas, con nuestro cuerpo, con el amor y con nuestra vida.

Para aliviar el hambre emocional necesito preguntarme ¿qué siento?, observar lo que hay debajo e identificar qué emoción estoy calmando con comida. Vamos a ponerle nombre a lo que nos ocurre, a identificar lo que necesito y si hay algo que me molesta o necesito cambiar.


Quizá tengo un exceso de estimulación al cabo del día: cientos de whatsapp, redes sociales… y la emoción que esto desencadena en mi, seguramente me está mostrando dónde necesito poner límites, y cuidarme más.


Quizá el hambre de corazón me muestra que soy muy dura conmigo misma y que necesito más dulzura. Si es así, cuidaré mi diálogo interno para hablarme mejor, con más ternura y amabilidad.


En definitiva necesitamos encontrar esa conexión con los demás, superar el miedo al rechazo, a la soledad, al abandono, desarrollar nuevas habilidades sociales y aceptar la vulnerabilidad que se podemos llegar a sentir en el contacto con los otros.

Yo estoy aquí para acompañarte en este camino, y pongo a tu disposición el TALLER DE HAMBRE EMOCIONAL Y ACEPTACIÓN CORPORAL



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